¡Oh glorioso padre
mío San Juan de la Cruz!
espejo de
paciencia y fortaleza,
que para gloria de
Dios y bien de vuestra Reforma
sufriste
innumerables trabajos y penalidades,
crucificasteis
vuestro cuerpo con rigores y penitencias,
para asemejaros en
lo posible
al que por nuestro amor padeció en la
cruz:
os suplico, padre
mío amantísimo
que no me
abandonéis ante los infortunios y tribulaciones.
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